El gobierno quiere dar miedo y armarse legalmente para reprimir las protestas contra su política
La batería de recortes de derechos impulsada por el gobierno del PP se amplía por momentos y se está convirtiendo en habitual que cada vez que un ministro realiza declaraciones o aparece en el Parlamento, lo hace para anunciar nuevos ataques a los derechos sociales y democráticos.Ahora le ha tocado turno al ministro de interior, Jorge Fernández Díaz- que ya destacó en febrero junto con la delegada de gobierno Paula Sánchez de León a causa de las violentas intervenciones policiales en la “Primavera Valenciana” -anunciando una reforma del Código Penal para hacer frente, según él, a la “espiral de violencia de los colectivos antisistema”. Entre las medidas que ha adelantado el responsable de interior se encuentra las siguientes:
- Considerar delito de integración en organización criminal el hecho de "alterar gravemente el orden público"
- Hacer lo mismo en lo referente a “concertar concentraciones violentas por cualquier medio de comunicación como Internet y las redes sociales”
- Incluir como delitos de desórdenes públicos “los supuestos en los que se penetre en establecimientos públicos o se obstaculice el acceso a los mismos ampliando el tipo de daños con alteración del orden público a los daños que se produzcan por interrupción o perturbación de cualquier servicio público"
- Considerar delito de atentado contra la autoridad "la resistencia activa o pasiva grande ante las fuerzas de seguridad e incluir entre las modalidades de acometimiento las amenazas y comportamientos intimidatorios, la embestida y lanzamiento de objetos peligrosos y considerar como agravante la comisión de estas conductas delictivas".
Parece, a la vista de lo anterior, que el gobierno pretende armarse legalmente para descargar la represión sobre los movimientos sociales, utilizando técnicas de sobra conocidas. La primera y principal de ellas no es otra que la de convertir en “criminales” (o sospechosos de poderlo ser) a todos aquellos grupos que se oponen frontalmente al sistema capitalista. El procedimiento es sencillo: se publicitan y magnifican hasta el paroxismo acciones como las que recientemente sucedieron en Barcelona y, a continuación, se mete en el mismo saco a cualquier persona o colectivo más o menos “radical” o “antisistema” que por este mismo hecho se convierte ya en “sospechoso”. Si los hechos “violentos” no ocurren por si solos da igual, para eso están los “provocadores policiales”, cuya acción ha sido detectada y denunciada en múltiples ocasiones.
En este caso, sin embargo, se va más lejos que en otros anteriores no sólo por pretender considerar criminales a manifestantes y activistas sociales, sino por querer convertir en delito la “penetración en establecimientos públicos” (¿lo son los bancos? ¿lo es el Corte Inglés?) o la “perturbación de un servicio público” (si corto una calle... ¿acaso no estoy interrumpiendo un servicio público de transporte?).El colmo llega cuando se nos indica que la “resistencia pasiva grande” (¿cuál es la pequeña?) ante las fuerzas de seguridad será un atentado contra ésta. Lo cual quiere decir que si nos sentamos en el suelo y no nos movemos cuando la policía nos lo indique, nos convertimos en “criminales”.Es evidente que todas estas medidas anunciadas, además de convertirse en armas represivas dispuestas a ser disparadas sobre los movimientos sociales, intentan generar miedo. Un miedo que se pretende hacer extensivo no sólo a las propias activistas de los movimientos, sino a la ciudadanía en general a la que se busca retraer de participar en protestas y aislar de los núcleos políticamente más conscientes y activos. En particular, aunque no únicamente porque el objetivo es muy amplio, se apunta hacia el movimiento del 15M, caracterizado por su uso intenso de las redes sociales, las ocupaciones pacíficas y la resistencia pasiva. Es decir, de un plumazo, por ley, quieren convertir a un movimiento que siempre se ha manifestado como pacífico en violento y criminal. También los altavoces mediáticos de la extrema derecha, en este caso “La Razón”, han señalado ya con el dedo a organizaciones como Izquierda Anticapitalista o el Militante acusándolas de hacer “llamadas constantes a la lucha y a la desobediencia”El gobierno es muy consciente de que su salvaje política antisocial y de recortes va a generar- ya lo está haciendo -una gran contestación social. Ante ello se arma legalmente para hacer frente a las protestas masivas que puedan tener lugar, indicando con claridad que piensa recurrir todo lo que haga falta a la represión directa sobre los movimientos de protesta. Pero esta actuación del gobierno de Rajoy no se trata de un hecho aislado en el actual contexto europeo, ya que en el periodo histórico de crisis que se ha abierto, justamente por las violentas convulsiones sociales que origina, capitalismo y democracia se vuelven cada vez más incompatibles. Como negras experiencias del pasado demuestran, el capitalismo, confrontado a situaciones de crisis profunda, no duda en despojarse de sus ropajes democráticos para hacer uso de la más férrea represión y del recurso a regímenes dictatoriales y fascistas. En la punta de lanza de tales experiencias antidemocráticas pueden estar en el presente, países como Grecia o el Estado español, particularmente golpeados por la crisis.Ante una tal actitud represiva y antidemocrática no queda sino denunciarla, exigir la retirada inmediata de esta propuesta de recorte de derechos y la dimisión de quien ha tenido la desfachatez de formularla. Pero no hay que quedarse ahí puesto que parece ya evidente que nos hallamos ante un intento de involución política en toda regla caracterizada por el aumento indiscriminado de la represión y de la políticas securitarias; la limitación de derechos sindicales; los atentados contra los derechos de mujeres y minorías sexuales; y los ataques contra los derechos nacionales a través de la búsqueda de recentralización del Estado. Todo lo anterior exigirá desde ahora mismo una acción decidida del conjunto de movimientos sociales y de organizaciones sindicales y políticas.
13 de abril de 2012
[N'AST]
El gobiernu quier dar mieu y armase legalmente pa reprimir les protestes contra la so política
La batería de retayos de derechos impulsada pol gobiernu del PP ampliar por momentos y tase convirtiendo n'habitual que cada vez qu'un ministru realiza declaraciones o apaez nel Parlamentu, facer p'anunciar nuevos ataques a los derechos social y democráticu.
Agora tocó-y vez al ministru d'interior, Jorge Fernández Díaz- que yá destacó en febreru xuntu cola delegada de gobierno Paula Sánchez de Llión por causa de les violentes intervenciones policiales na Primavera Valenciana” -anunciando una reforma del Códigu Penal pa faer frente, según él, a la espiral de violencia de los colectivos antisistema”. Ente les midíes qu'adelantró'l responsable d'interior atopa les siguientes:
- Considerar delitu d'integración n'organización criminal el fechu de "alteriar gravemente l'orde públicu"
- Faer lo mesmo no referente a “alcordar concentraciones violentes per cualesquier mediu de comunicación como Internet y les redes sociales”
- Incluyir como delitos de desordes públicos “los supuestos nos que s'enfuse n'establecimientos públicos o s'atrabanque l'accesu a los mesmos ampliando'l tipu de daños con alteración del orde públicu a los daños que se produzan por interrupción o perturbación de cualquier serviciu públicu"
- Considerar delitu d'atentáu contra l'autoridá "la resistencia activa o pasiva grande ante les fuerces de seguridá ya incluyir ente les modalidaes d'acometimientu les amenaces y comportamientos apavoriantes, la turniada y llanzamientu d'oxetos peligrosos y considerar como agravante la comisión d'estes conductes delictives".
Paez, a la vista de lo anterior, que'l gobiernu pretende armase legalmente pa descargar la represión sobre los movimientos sociales, utilizando técniques de sobra conocíes. La primera y principal d'elles nun ye otra que la de convertir en “criminales” (o sospechosos de podelo ser) a toos aquellos grupos que s'oponen frontalmente al sistema capitalista. El procedimientu ye senciellu: espublícense y magnifican hasta'l paraxismu remanes como les qu'apocayá asocedieron en Barcelona y, de siguío, meter nel mesmu sacu a cualquier persona o colectivu más o menos “radical” o “antisistema” que per este mesmu fechu conviértese yá en “sospechosu”. Si los fechos violentos” nun asoceden por si solos da igual, pa eso tán el prevocadores policiales”, que la so acción foi detectada y denunciada en múltiples ocasiones.
Nesti casu, sicasí, vase más llueñe que n'otros anteriores non yá por pretender considerar criminales a manifestantes y activistes sociales, sinón por querer convertir en delitu la penetración n'establecimientos públicos” (¿ser los bancos? ¿ser el Tayu Inglés?) o la perturbación d'un serviciu públicu” (si curtiu una cai... ¿qué ye, que nun toi atayando un serviciu públicu de tresporte?).
El cuelmu llega cuando se nos indica que la resistencia pasiva grande” (¿cuál ye la pequeña?) ante les fuerces de seguridá va ser un atentáu contra ésta. Lo cual quier dicir que si sentamos nel suelu y nun movemos cuando la policía indicar, convertímonos en “criminales”.
Rescampla que toes estes midíes anunciaes, amás de convertise n'armes represives dispuestes a ser disparaes sobre los movimientos sociales, intenten xenerar mieu. Un mieu que pretende faese estensivu non yá a les mesmes activistes de los movimientos, sinón a la ciudadanía polo xeneral a la que se busca retraer de participar en protestes y aisllar de los núcleos políticamente más conscientes y activos. En particular, anque non namá porque l'oxetivu ye bien ampliu, apuntar escontra'l movimientu del 15M, caracterizáu pol so usu intensu de les redes sociales, les ocupaciones pacífiques y la resistencia pasiva. Esto ye, d'un refundiu, por llei, quieren convertir a un movimientu que siempres se manifestó como pacíficu en violentu y criminal. Tamién los altavoces mediáticos de la estrema derecha, nesti casu “La Razón”, señalaron yá col deu a organizaciones como Esquierda Anticapitalista o'l Militante acusándoles de faer “llamaes constantes a la llucha y a la desobediencia”
El gobiernu ye bien consciente de que la so xavaz política antisocial y de retayos va xenerar- yá lo ta faciendo -una gran contestación social. Ante ello ármase legalmente pa faer frente a les protestes masives que puedan tener llugar, indicando con claridá que piensa recurrir tou lo que faiga falta a la represión directa sobre los movimientos de protesta. Pero esta actuación del gobiernu de Rajoy nun se trata d'un fechu aislláu nel actual contestu européu, yá que nel periodu históricu de crisis que s'abrió, xustamente poles violentes convulsiones sociales qu'anicia, capitalismu y democracia vuélvense cada vez más incompatibles. Como negres esperiencies del pasáu demuestren, el capitalismu, confrontado a situaciones de crisis fonda, nun duldar en desaposiase de les sos ropajes democráticos pa faer usu de la más ferrial represión y del recursu a réximes dictatoriales y fascistes. Na punta de llanza de tales esperiencies antidemocrátiques pueden tar nel presente, países como Grecia o l'Estáu español, particularmente cutíos pola crisis.
Ante una tal actitú represiva y antidemocrática non queda sinón denunciala, esixir la retirada inmediata d'esta propuesta de retayu de derechos y la dimisión de quien tuvo la desfachatez de formulala. Pero nun hai que quedase ende cuidao que paez yá evidente que topamos ante un intentu de involución política en toa riegla caracterizada pol aumentu indiscrimináu de la represión y de la polítiques securitarias; la llimitación de derechos sindicales; los atentaos contra los derechos de muyeres y minoríes sexuales; y los ataques contra los derechos nacionales al traviés de la busca de recentralización del Estáu. Tou lo anterior va esixir dende agora mesmu una acción decidida del conxuntu de movimientos sociales y d'organizaciones sindicales y polítiques.
13 d'abril de 2012




